El Libro El Club de la Lucha: Reseña, Final y Veredicto

El libro El club de la lucha de Chuck Palahniuk, edición de Debolsillo, en una calle vacía de noche
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El libro El club de la lucha, la primera novela de Chuck Palahniuk, se publicó en 1996: un oficinista insomne y sin nombre funda un club de peleas clandestino con un hombre llamado Tyler Durden.

No es un manual de masculinidad. Es el diagnóstico de una generación de hombres vaciados por el trabajo y el consumo. Mi calificación: 8,5/10. Le sirve a quien quiera entender ese vacío. Para un plan, existen otros libros.

Hay una frase de este libro que medio internet cita como si fuera el retrato de una generación entera:

“Somos los hijos medianos de la historia, educados por la televisión para creer que un día seremos millonarios y estrellas de cine y estrellas de rock, pero no es así.”

Casi nunca se cita dónde se pronuncia: la dice Tyler Durden, al oído de un hombre al que cinco tipos sujetan contra el suelo mientras otro le sostiene un cuchillo entre las piernas.

Esa distancia entre la frase y su escena es de lo que va esta reseña. Abajo tienes el resumen de El club de la lucha por tramos, qué diagnostica, en qué se diferencia del final de la película, y por qué tanta gente se queda con la mitad que le conviene.

Ejemplar del libro El club de la lucha de Chuck Palahniuk sobre una mesa
Libro, editorial Debolsillo.

Ficha rápida de El club de la lucha

AutorChuck Palahniuk (Pasco, Washington, 1962)
Año1996 (original: Fight Club)
Títulos en españolEl club de la lucha en España · El club de la pelea en Latinoamérica
Páginas224
TraducciónPedro González del Campo Román
CategoríaNovela de crítica cultural
Dificultad de lecturaMedia. Frases cortas y capítulos breves, pero con saltos temporales sin aviso y un narrador que no es de fiar
Calificación de Alejandro8,5/10

Palahniuk la escribió en tres meses mientras trabajaba como mecánico de camiones en Portland, con una regla: que ningún capítulo durara más que un videoclip. Salen treinta capítulos de entre 500 y 3.000 palabras, y esa decisión explica por qué se lee tan rápido.

La edición española que reseñé es la de Literatura Random House, 224 páginas, con traducción de Pedro González del Campo Román.

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De qué trata el libro El club de la lucha

Un hombre que odia su trabajo, no duerme y define su vida por los muebles que compró conoce a alguien que hace todo lo que él no se atreve a hacer. De ahí sale un club de peleas, y del club sale una organización que pretende destruir la civilización.

La tesis del libro es que un hombre criado para consumir, obedecer y esperar una grandeza que no llega termina buscando en el dolor la prueba de existir que su trabajo y sus compras no le dan. Y que esa salida es una trampa.

El narrador lo resume así en el capítulo cinco:

“Finalmente, te quedas atrapado en tu precioso nido y los objetos que solías poseer ahora te poseen a ti.”

El libro te enseña el problema y ahí se para. Quien la lea buscando un método se va con las manos vacías, y eso es una virtud del libro.

Qué te muestra El club de la lucha

Cinco tramos del relato, y lo que cada uno pone sobre la mesa. La novela está organizada como un descenso.

Los cinco tramos del descenso que diagnostica El club de la lucha
Cada tramo del descenso expone algo distinto.

1. El hombre que no podía dormir

Todo empieza en el insomnio. El narrador lleva dos años sin dormir y ha encontrado un remedio: colarse en grupos de apoyo de enfermos terminales fingiendo una enfermedad que no tiene. Llora abrazado a Bob, un exculturista al que le extirparon los testículos y al que la terapia hormonal le ha dejado pecho de mujer. Después de llorar con Bob duerme como un niño.

Guarda esa mecánica, porque el libro la va a usar hasta la última página: este hombre solo descansa cuando se rompe.

El narrador lo formula así, y acierta sin darse cuenta:

“Por eso yo apreciaba tanto los grupos de apoyo, porque la gente, cuando cree que te estás muriendo, te presta toda su atención.”

Remata:

“La gente te escuchaba en vez de estar pendiente de su turno para hablar.”

Y entonces llega Marla Singer, que se cuela en los mismos grupos y también miente. Con otra farsante en la sala la anestesia deja de funcionar: ya no consigue llorar, y vuelve el insomnio. Acaban repartiéndose los grupos como dos vecinos reparten un jardín.

En paralelo, su casa: un apartamento del piso quince amueblado pieza por pieza con catálogo, que el libro inventaría con marca y color la noche en que salta por los aires y lo deja en la calle. La biografía del personaje es su mobiliario. “Personas que conozco y que solían llevarse pornografía al cuarto de baño, ahora se llevan el catálogo de muebles de IKEA.”

Mi lectura. Mira a quién abraza. No busca compañía: busca anestesia, y la encuentra en una sala de moribundos que le prestan la atención que nadie le presta en su oficina. Por eso Marla le estorba tanto — ella no le quita una amiga, le quita la mentira.

Y mientras la busca ahí, tiene la respuesta enfrente. El portero de su edificio le dice dos cosas: “Muchos jóvenes tratan de impresionar al mundo y compran demasiadas cosas” y “si no sabes lo que quieres, terminas teniendo un montón de cosas que no necesitas”. Son las dos frases más sensatas sobre consumo de todo el capítulo, y las dice el empleado al que no escucha.

2. El sótano donde el cuerpo por fin cuenta

Sin casa y sin nada, el narrador llama a Tyler, se emborrachan y Tyler le pide un favor: “Quiero que me pegues lo más fuerte que puedas.” De esa pelea en un estacionamiento nace el club.

Lo que el club le da a esos hombres es que su cuerpo cuente para algo. El libro lo muestra con dos personajes menores, un camarero y un empleado de fotocopias que en su trabajo son invisibles y en el sótano existen. Lo dice el narrador: “No quiero morirme sin unas cuantas cicatrices.”

Aquí aparece el hilo del padre, tres veces en un solo capítulo. El del narrador funda una familia nueva cada seis años: “O mejor dicho, establece una franquicia.” A la pregunta de qué hacer con su vida, la única respuesta que su padre le dio fue “cásate”. Y Tyler, cuando le preguntan contra qué lucha, contesta que contra su padre.

Mi lectura. Esta parte la entiendo. Si en tu trabajo eres un número, un sitio donde tu presencia pese algo es una tentación enorme, y el libro la describe sin caricatura.

El método es otra cosa. Y no lo digo por moralismo: el propio narrador acaba con la mejilla perforada, los dientes flojos y hemorragias que el libro cuenta como rutina. Su frase es “tal vez la autodestrucción sea la respuesta”, con el “tal vez” delante. Palahniuk nunca lo quita.

3. Tocar fondo como nueva superación personal

Sin apartamento, se va a vivir con Tyler a una casa en ruinas en Paper Street. Allí Tyler le enseña a hacer jabón —la grasa sale del congelador de Marla, donde ella guarda el colágeno que le liposuccionaron a su madre—, le hace prometer tres veces que nunca hablará de él con Marla, le besa el dorso de la mano y le echa lejía encima. Mientras la quemadura avanza, le da el discurso.

Es un discurso de autoayuda con el signo invertido. Donde los grupos de apoyo mandaban imaginar una luz blanca que todo lo cura, Tyler ordena: “Regresa al dolor.” De ahí sale la frase que hoy circula suelta, sin la escena, por las cuentas de motivación: “Sólo después de haberlo perdido todo eres libre para hacer cualquier cosa.”

Y en la misma escena, el mismo personaje se inventa otro origen para ese jabón —la grasa de unos sacrificios humanos— y con él justifica la matanza: “Fue justo matar a toda esa gente.”

Mi lectura. Lee las dos frases seguidas. Tyler te dice que solo eres libre cuando lo has perdido todo, y en la misma escena te dice que estuvo bien matar a toda esa gente. Misma boca, mismo minuto.

Si la primera te ha aparecido alguna vez en una cuenta de motivación, ya sabes quién la dice y con qué mano. La crítica a la industria del crecimiento personal es feroz por cómo está hecha: Tyler no discute la autoayuda, la copia y le invierte el signo. La doctrina de tocar fondo, en cambio, no libera a nadie en el libro — el que la predica lo hace mientras le quema la mano a su amigo.

4. La burocracia de la anarquía

El club se multiplica —siete, quince, veintitrés— y Tyler funda el Proyecto Estragos. Aquí ocurre lo mejor de la novela: lo que nació para escapar de la oficina se convierte en una oficina.

Cuatro comités, con su noche asignada cada uno. Cinco reglas. Uniforme negro obligatorio. Una lista de artículos que el aspirante debe traer, y quinientos dólares en el zapato para pagar su propio entierro. Propuestas escritas en papelitos que se doblan y se meten en una caja. El nombre está en el capítulo dieciséis: “Caos organizado. La Burocracia de la Anarquía.”

La quinta regla remata el retrato: “La quinta regla del Proyecto Estragos es confiar en Tyler.”

Mi lectura. Mira el vocabulario. “Tira de una palanca, aprieta un botón” describía en el primer capítulo al oficinista vaciado, y aquí describe a los miembros del proyecto. Quien se liberaba de ser un mono acabó siendo un mono con otro uniforme. Un movimiento que promete libertad y exige obediencia solo cambia de jefe.

5. Violencia con forma de favor

El narrador recibe su tarea: encañonar a un desconocido. Espera a que un empleado de una tienda nocturna termine su turno, le pone una pistola en la cara, le revisa la cartera, le pregunta qué quería ser en la vida y lo obliga, llorando, a prometer que volverá a la universidad a estudiar veterinaria. Se queda con su licencia de conducir y lo amenaza de muerte si en un año no ha cumplido.

El capítulo se cierra con el narrador diciéndole que “la cena te va a saber mejor que nunca y mañana será el día más hermoso de toda tu vida”.

Lo que el libro está mostrando es un asalto armado a un trabajador de salario mínimo, presentado por el narrador como un favor.

Mi lectura. Ese capítulo está escrito para que salgas de él sintiendo que pasó algo bueno. A mí me funcionó: lo leí con el pulso acelerado y tardé un párrafo en caer en qué acababa de leer. Un tipo que cobra el mínimo, de rodillas, llorando, con una pistola en la cara. No pasó nada bueno.

El propio narrador se delata dos páginas antes: “Son las palabras de Tyler las que salen de mi boca. Y yo antes era una persona encantadora.” La pregunta que el libro plantea —qué querías ser antes de que la vida te aplastara— es buena. El método sobra: esa pregunta no necesita una pistola.

Las reglas del club de la lucha

Las ocho reglas del club de la lucha tal como aparecen en el libro
Las dos primeras son la misma. Está hecho a propósito.

Tyler las grita en el sótano, bajo una sola bombilla, cada vez que el club se reúne. Son ocho, y el libro las reparte en dos sitios: siete las grita Tyler y la tercera la cuenta el narrador por su cuenta, un capítulo antes. Así aparecen:

  1. No se habla del club de lucha.
  2. No se habla del club de lucha.
  3. Cuando alguien dice basta o resulta herido, aunque esté fingiendo, se da por terminada la pelea.
  4. Solo dos hombres por combate.
  5. Un combate cada vez.
  6. Se lucha sin camisa y sin zapatos.
  7. El combate dura lo que haga falta.
  8. Si es tu primera noche en el club de lucha, tienes que luchar.

Las dos primeras son la misma. Palahniuk la repite para que suene a rito.

Y la novela se contradice a sí misma con la numeración. El narrador llama tercera a la regla de “cuando alguien dice basta”, pero Tyler no la incluye cuando las grita en el sótano y remata así: “Y la séptima regla es que si ésta es tu primera noche en el club de lucha, tienes que luchar.” Ocho si cuentas la del narrador, siete si solo escuchas a Tyler.

El final de El club de la lucha, explicado

Aviso: esta sección y la siguiente revelan el giro y el desenlace de la novela. Si no lo leíste, sáltalas hasta “Lo que Palahniuk lleva años teniendo que explicar”. De ahí en adelante no vuelvo a contar el giro, aunque sí cito la última frase del libro.

El giro que la película conservó

Tyler es una invención del narrador. Comparten el mismo cuerpo en momentos distintos: cuando el narrador duerme, Tyler toma el control, y así fundó el club, alquiló la casa de Paper Street, consiguió los empleos y se acostó con Marla.

Ahí se cierra lo del insomnio del primer capítulo. El hombre que no podía dormir tenía motivos para temer el sueño: cada vez que se dormía dejaba de ser él. Lo dice Tyler: “No somos dos hombres distintos; cuando estás despierto tienes el control […] pero en cuanto te duermes, soy yo quien manda.”

La novela había puesto la pista seis veces antes. Desde el primer capítulo, cada vez que el narrador explica algo que no debería saber, remata igual: “lo sé porque Tyler lo sabe”.

El narrador descubre al final por qué Tyler existía: “Tyler amaba a Marla. Desde la primera noche en que la conocí, Tyler, o una parte de mí, necesitaba un medio de estar con Marla.” Toda la rebelión, el club y la organización nacieron porque un hombre no sabía cómo acercarse a una mujer.

El desenlace: tres piezas que la película no tiene

Son tres, y van en este orden:

El movimiento se vuelve contra su fundador. Bob muere de un disparo de la policía en una misión del Proyecto, y los clubes de todo el país empiezan a corear su nombre: “Se llama Robert Paulson y tiene cuarenta y ocho años.” El narrador va a cerrar el club y sus propios hombres lo expulsan aplicando sus propias reglas.

Más adelante, en un autobús, ejecutan sobre él la misión que él mismo había ordenado: castrar a cualquiera que intentara detenerlos, aunque fuera él. “Usted nos advirtió de que seguramente nos diría eso.”

El plan fracasa por un error técnico. En la azotea, el narrador se da cuenta de que la mezcla explosiva estaba mal preparada. “Y nada. Nada explota.” La novela lo había avisado en su primera página, donde el narrador comentaba de pasada que ese método a él nunca le había funcionado.

Los débiles salvan al fuerte. Marla y los enfermos de los grupos de apoyo —los mismos a los que había despreciado por farsantes— suben a la azotea a impedirlo, en sillas de ruedas y cojeando. Y Marla dice la frase que ordena todo el desenlace: “No, te quiero a ti. Conozco la diferencia.”

El narrador dispara, sobrevive y termina internado en una institución psiquiátrica que él describe como el cielo, con un Dios detrás de un escritorio de nogal preguntándole por qué. Ahí está lo que el libro venía a decir, en boca del narrador y en su última página:

“No somos especiales. Tampoco somos escoria o basura. Simplemente, somos.”

Esa frase refuta las dos doctrinas que la novela retrató durante treinta capítulos: la de la autoestima de folleto —la que Tyler destroza cuando grita que nadie es “un hermoso copo de nieve individual”— y la contraria, el “no eres nada, eres abono” que él mismo predica.

El libro tampoco cierra con redención: el personal del hospital lleva ojos morados y puntos de sutura, y le susurra que todo marcha según el plan.

El club de la lucha, libro vs película: qué cambia el final

La mayoría llegó a esta historia por la película de 1999. Se parecen bastante hasta el último tramo, y ahí se separan del todo.

.El libro (1996)La película (1999)
EstructuraTreinta capítulos cortos; abre por el final y vuelve al principioNarración lineal con la misma escena de marco
El planFracasa. Los explosivos no detonan porque la mezcla estaba mal hechaLos edificios caen
El desenlace del narradorSobrevive al disparo y termina internado en una institución, creyendo estar en el cieloQueda en pie, con Marla, mirando la ciudad
La organizaciónSigue operando y esperándoloQueda fuera de escena
El tono finalDerrota administradaÉpica visual
Una escena que la película eliminóEl tercer acto en el que el protagonista es humillado y sometido por su propio grupoNo aparece

Ese último punto lo dijo el propio autor. En febrero de 2012, en una entrevista a Palahniuk en Lightspeed Magazine, explicó que las dos adaptaciones de sus libros “eliminaron la escena del tercer acto en la que el héroe queda completamente humillado y sometido ante su grupo de pares”.

En enero de 2022, cuando la versión china de la película cambió el final para que el plan fracasara, Palahniuk declaró que esa censura “alineó el final casi exactamente con el final del libro”. La versión censurada era más fiel a su novela que la de David Fincher.

Lo que Palahniuk lleva años teniendo que explicar

Porque Palahniuk reparte la razón con cuidado y la gente se queda con la mitad que le sirve. Tyler dice cosas ciertas sobre la clase social y el trabajo —“soy escoria, basura y un loco […] pero sigo siendo responsabilidad suya”— y, dos páginas después, reparte armas.

Palahniuk se ha referido a esto. En julio de 2018, en The Guardian, le preguntaron por comunidades de internet que citan su novela y respondió que el fenómeno muestra “lo limitados que están los hombres en cuanto a metáforas: tienen una colección escasa de referencias”. En la misma entrevista dijo algo que desmonta la lectura masculinista: “No veo Fight Club como algo particularmente masculino. Va más del terror de vivir o morir sin haber entendido nada importante sobre ti mismo.”

En 2015, a Esquire, sobre la idea de recuperar la masculinidad: “Ni siquiera lo pienso como un concepto masculino, sino como el concepto de descubrir todo tu potencial teniendo a un entrenador implacable que te empuja.” Lo que Palahniuk repite, entrevista tras entrevista, es que el libro no trata de lo que esos lectores creen.

El narrador, hablando de Tyler: “me gusta todo lo referente a Tyler Durden: su valor y sus recursos. Su temple. […] Tyler es hábil y generoso, y yo no lo soy.” Tyler tiene el valor, los recursos, el temple y la generosidad que el narrador no se reconoce: el mismo mecanismo que está detrás del síndrome del chico bueno.

Pros y contras de El club de la lucha

Lo que el libro aciertaLo que el libro deja corto
Un diagnóstico del trabajo y el consumo que el tiempo no desgastó: hoy se lee más actual que en 1996El marco social es de los noventa: fax, videoclubes, cabinas de proyección. Se lee mejor si lo pones en su año
La estructura: avisa en la primera página cómo va a terminar y nadie lo nota hasta la últimaLa voz es tan uniforme que en los tramos de catálogo y repetición se vuelve monótona: el mismo recurso, treinta capítulos
No vende nada: detrás del autor no hay método, taller ni programaHay páginas escritas como un manual de sabotaje, y la novela nunca las desmiente
Muestra el coste completo de la violencia que narra, incluido Patrick Madden, el funcionario del reciclaje al que el Proyecto asesina, y la escena de su viudaLos personajes secundarios son casi todos funcionales; solo Marla y Bob, el culturista de los grupos de apoyo, respiran

A quién le sirve El club de la lucha (y a quién no)

Le sirve:

  • Al hombre que reconoce el diagnóstico —trabajo vacío, compras como identidad, la sensación de que la vida pasa en otra parte— y quiere verlo formulado sin consuelo.
  • A quien vio la película y quiere entender por qué el libro dice casi lo contrario en el desenlace.
  • A quien le interese cómo se forma un grupo de hombres y cómo se degrada: la novela lo cuenta desde dentro, paso a paso, y sin proponérselo.
  • A quien disfrute la prosa de frase corta y capítulo breve.

No le sirve:

Si estás en un momento delicado con la autodestrucción, este libro no es para ahora: hay autolesión, violencia y un intento de suicidio narrados en escena.

  • A quien busque un método, un plan o algo que aplicar. El libro no da nada de eso.
  • A quien lo lea buscando permiso para la rabia: se lo quitan en la última página.

Aplicabilidad para mi lector hispanohablante

El narrador lo dice así: “Si eres varón, y eres cristiano y vives en Estados Unidos, tu padre es tu modelo de Dios.” Habla de un varón estadounidense y protestante, y el resto del libro se entiende mejor con ese marco delante.

Lo que se aplica tal cual: el trabajo que no significa nada; el consumo ofrecido como identidad; la comparación permanente con una grandeza prometida que no llega; la humillación del trabajador de servicio; y el padre ausente o incapaz de responder cuando el hijo pregunta qué hacer con su vida.

Lo que hay que adaptar son cuatro cosas concretas.

Buena parte de la trama de Marla depende de algo que en Estados Unidos es corriente: no ir al médico porque no puedes pagarlo. En un país con sistema público eso se lee distinto, y con ello se pierde casi toda su desesperación.

El acceso a un arma como trámite de tienda tampoco tiene equivalente.

El marco religioso, además, es protestante estadounidense: cuando el narrador habla del padre como modelo de Dios, habla de una cultura concreta. Esa figura del padre, sin el marco estadounidense, la trabajo en la verdadera masculinidad.

El catálogo de muebles suecos, símbolo de aspiración de clase media en 1996, hoy sería el carrito de una app: el mismo mecanismo, con entrega en veinticuatro horas y sin necesidad de salir de casa.

Si te interesa el tema por el lado propositivo, Iron John va en la dirección contraria: donde Palahniuk desarma, Robert Bly propone.

La figura del hombre complaciente que Tyler desprecia la desarrollo desde el libro de Glover en ¡Basta ya de ser un Tipo Lindo!.

Preguntas frecuentes sobre El club de la lucha

¿De qué trata el libro El club de la lucha?

Un oficinista insomne y sin nombre conoce a Tyler Durden y funda con él un club de peleas clandestino que termina convertido en una organización dedicada a destruir la civilización. Son treinta capítulos muy cortos y la novela abre por su propia escena final, así que el primer capítulo se entiende de otra manera cuando terminas el libro.

¿Cuál es el mensaje de El club de la lucha?

El narrador lo dice en la última página del libro: “No somos especiales. Tampoco somos escoria o basura. Simplemente, somos.” Rechaza a la vez la idea de que cada uno es único e irrepetible y la contraria, la de Tyler, según la cual no somos nada. Por eso no funciona como manifiesto de nadie: las dos banderas que suelen sacarse del libro están desmontadas en su propio final.

¿Por qué El club de la lucha es un libro prohibido?

No está prohibido en ningún sentido general, pero sí fue impugnado en escuelas de Estados Unidos.
El caso mejor documentado es el del distrito de Katy, en Texas: la novela iba a leerse en una clase avanzada de inglés y fue sustituida por V for Vendetta tras quejas de padres, por la violencia y el contenido explícito. Es un caso documentado por la National Coalition Against Censorship en diciembre de 2012.
Lo que mucha gente recuerda como censura es otra cosa: el final de la película, cambiado en China en 2022. La ironía es que ese final censurado se parecía más al del libro que el original de la película.

¿Quién escribió El club de la lucha?

El club de la lucha es de Chuck Palahniuk, nacido en Pasco, Washington, en 1962. Fue su primera novela, la escribió en tres meses mientras trabajaba como mecánico de camiones y se publicó cuando él tenía treinta y cuatro años.

¿Es lo mismo el libro El club de la pelea que El club de la lucha?

Sí, es el mismo libro: se publica como El club de la lucha en España y como El club de la pelea en Latinoamérica, en Debolsillo. La película se estrenó con esos mismos dos títulos, y por eso las búsquedas de los dos se mezclan tanto.

¿Vale la pena leerlo si ya viste la película?

Sí, por dos motivos concretos. El final es distinto y cambia el sentido de toda la historia. Y la película eliminó una escena del tercer acto en la que el protagonista es humillado por su propio grupo, una ausencia que el propio Palahniuk señaló años después.

¿Es un libro violento?

Es violento, sí. Hay peleas descritas con detalle clínico, tortura, autolesión y un intento de suicidio en escena. La violencia está al servicio del diagnóstico y el libro muestra siempre su coste, incluido el de las víctimas, pero está ahí y no se puede pasar de largo.

Lo que te llevas de El club de la lucha

  • En la novela la atención de otro ser humano es tan escasa que el protagonista finge un cáncer para conseguirla.
  • Los objetos que el narrador compró para definirse acabaron poseyéndolo: es él quien lo dice, en la primera parte del libro.
  • Palahniuk muestra al hombre al que nadie mira en su trabajo aceptando cualquier cosa a cambio de un lugar donde por fin lo miran.
  • La violencia disfrazada de favor es la que más cuesta reconocer, y por eso Palahniuk la pone en el centro.
  • El hombre al que el protagonista admira reúne todo lo que él siente que no es.
  • “Simplemente, somos”: eso es todo lo que el narrador concede en la última página.

¿Vale la pena leer el libro El club de la lucha? Mi veredicto

Mi opinión sobre El club de la lucha: 8,5/10. De las novelas que he leído sobre este tema, está entre las mejor construidas y es la única que desactiva su propia mala lectura desde dentro.

Pongo el 8,5 y no menos porque se relee distinto: el primer capítulo cambia de sentido cuando terminas, la pista del final estaba en la página uno, y la estructura es el argumento. No llega al 9 por dos razones concretas: el marco social está fechado en los noventa —fax, videoclubes, cabinas de proyección—, con pasajes que hoy no se sostienen; y no ofrece nada aplicable a un lector que busque qué hacer con su vida el lunes.

El club de la lucha es un espejo, no un plan. Y como espejo es implacable: si te reconoces en el hombre del primer capítulo, vas a leer tu propia semana laboral en las primeras veinte páginas. Lo que hagas después no está en estas 224 páginas, y el propio Palahniuk nunca dijo que lo estuviera.

Léelo por el diagnóstico. Para la salida, busca en otra parte.

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